En que consiste

¡Muy sencillo! solo hay que fijarse en los sirvientes en las Bodas de Caná: ellos, obedientes a María, siguieron su exhortación: “Haced lo que Él os diga”. Esta fue la vida de María, la constante palpitación de su corazón… una adhesión continua con su Fe a la Voluntad de Dios secundando lo que pide y aceptando lo que Dios  envía.

Para esto es necesario:

Cumplir los mandamientos, la Virgen fue a purificarse al Templo y eso que era pura porque obedecía las leyes.

Seguir las directrices de la Santa Madre Iglesia y su Doctrina. La Virgen jamás contrario las decisiones de la Iglesia, supo ponerse bajo la cabeza de Pedro como Vicario de Cristo en la tierra y bajo el cuidado de Juan. No se puso a mandar sinoflechas-amarillas-camino-de-santiago a obedecer.

Vivir atentos a Dios. La Virgen peregrinó en la fe con la atención puesta en Dios… como los que hacen el Camino de Santiago y van caminando atentos a las flechas amarillas que señalizan el Camino para no desviarse, e ir avanzando hasta “el pórtico de la Gloria”.

A veces están un poco escondidas, unas en un árbol, otras en un poste, otras en el suelo, otras en un cruce de caminos, en una casa… no vale distraerse, nunca sabes dónde pueden aparecer para indicarte la dirección a tomar. Se trata de andar el camino que Dios te va trazando para “no frustrar la Obra de la gracia en ti, sino trabajar en ella”, que dice San Pablo (1Co 15,10).

Esto nos ha de poner en una constante actitud de búsqueda frente a esas flechas amarillas que nos van revelando el camino a seguir. Estas flechas  no se encuentran sino se las va buscando como sucede en el Camino de Santiago… pasarían desapercibidas, ni siquiera caeríamos en la cuenta de que están puestas.

También les hay que ven flechas amarillas  hasta donde no las hay, por eso es importante aprender a discernir. Al principio cuesta… es como quien aprende a leer, al principio hay  cierta torpeza para distinguir del todo los fonemas; sin embargo, cuanto más se lee, más soltura se adquiere, la lectura se hace más fluida, sin tanto esfuerzo. Así ocurre en el camino espiritual, aquel que ora va aprendiendo a distinguir y va descifrando su recorrido.

Es conveniente someter las decisiones más serias a una dirección espiritual, que no necesariamente tiene que ser un sacerdote, aunque sea lo más común.

Un ejemplo gráfico que nos puede ayudar a entender todo esto, es vernos como un ventanal de  Iglesia. No es lo mismo ser un ventanal por el que, si estamos en gracia, dejamos pasar la luz; a uvitral5n ventanal convertido en vidriera, por el que, no solo pasa la luz, sino que pasa transfigurada por la colaboración a la Gracia en tantas piezas como Dios te ha ido señalando para que las cases con tu “hágase” en el espíritu de María.

Es evidente, que estas vidrieras contribuyen a un mayor esplendor del templo llenándole de mayor gloria. La mayoría se conforman con ser ventanales simples, se limitan  únicamente a dejar pasar la luz; pocas almas en cambio, son las que viven vueltas hacia Dios con su fíat dejándose hacer una vidriera.

Pues bien, la gloria que damos a Dios en la tierra es la que recibiremos en el cielo. Allí no todas las almas gozan en el mismo grado, unas gozan más y otras menos. No es lo mismo ver una obra de teatro en “el gallinero”, que es la parte alta de menor visibilidad y el asiento es duro, que verla en “palco” en primera línea, con tu butaquita tapizada y blandita mientras te sirven caviar y champan. La obra de teatro dura dos horitas, el cielo es para toda la eternidad.

María fue la primera y más preciosa vidriera de la Iglesia, y nosotros estamos llamados a ser las siguientes. No se trata de conformarse como “el joven rico” en cumplir los mandamientos, estamos llamados a seguirle hasta donde Él exija de nosotros para glorificarle como merece con la ofrenda de nuestras vidas.

Para aprender a peregrinar con la atención puesta en las flechas, veamos algunos ejemplos en la vida de María:

  1. Hay flechas que son un irrumpir de Dios en tu vida para pedirte algo, como fue la Encarnación del Verbo en María. Estas nos las encontramos por sorpresa, y son llamadas tan claras que no te dejan dudar, no secundarlas es no descansar.
  2. Hay otras que son el sentido común. María informada por el embarazo de Isabel tan mayor, se pone en camino para ayudarla.
  3. Otras, en cambio son los acontecimientos, el edicto del César fue un signo claro que arrojó luz en María que, como buena israelita, sabría que tenía que nacer en Belén.
  4. Otras son encargos que se te hacen: “He ahí a tu hijo”. María ya no regresaría a su casa, sino que se fue con Juan… esta flecha le hizo tomar otra dirección.

Es muy importante no despistarse de las flechas, ir recorriendo todo el camino, ¿os acordáis del juego de la oca? Pues en esto consiste: de fíat a fíat y tiro porque me toca… así es como se adelanta, ¿a qué de oca en oca se avanzaban casillas? Por unas etapas llegas a otras, se abren gracias nuevas que te preparan para afrontar las siguientes pruebas y retos del camino.unnamed

En otras, en cambio, se retrocede, en la posada te quedas unos turnos, que bien podría ser nuestra tibieza donde la vida espiritual no avanza, y no te digo nada si caes en la calavera cuando ya estabas llegando, tienes que volver a empezar de nuevo, esto es lo que ocurre con el pecado mortal, después de pecar no te quedas ya en el mismo punto que estabas, tienes que volver a conquistar todo el camino que habías recorrido ¡seamos listos y estemos atentos! ¡Esquivemos la calavera, vayamos de oca en oca!

Además, solo haciendo su Voluntad es como tenemos poder sobre el Corazón de Jesús. Porque la Virgen nada le negaba a Dios y todo lo creía posible de Él, es por lo que Jesús tampoco pudo negarse a su reclamo en las Bodas de Caná. Edith Stein afirma “que el día en que Dios tenga poder ilimitado sobre nuestro corazón tendremos nosotros poder ilimitado sobre el suyo”.

“María vivió consagrada a la obra y persona de Jesús” (Lumen Gentiun 56). El sentido de la Consagración a María es  para 799032_8709vivir más plenamente nuestra entrega a Cristo como lo hizo Ella. Si nos revestimos con su manto, que es el Escapulario, signo de nuestra Consagración a su Corazón Inmaculado (Pio XII),  es para vivir con su espíritu como lo hizo Eliseo con el manto de Elías, de modo que podamos decir con Teresita de Quevedo: “Que quien me mire te vea”. 

No se trata de imitar las apariencias externas de María, no es una comedia; sino que si Ella está alentando mi fe, está Presente en mi vida, en mi trato personal y diario, eso se va trasluciendo involuntariamente al exterior en las más pequeñas acciones, en los gestos, en el modo de obrar, de vestir, en el tono de voz, en las posturas, en mi piedad, en mis conversaciones, etc… Nuestras más insignificantes acciones revelan si en el alma hay pureza, si triunfa el Corazón de María.

Según el Concilio Vaticano II, “la Devoción auténtica no consiste en sentimentalismos estériles y pasajeros; tampoco en vana credulidad; sino en un amor filial para con nuestra Madre imitando sus virtudes”. (LG 54). Es decir, menos poesía y más virtudes. Quien dice que la ama y luego no imita sus virtudes es que se está engañando.

Aquellos que la aman de verdad, con autenticidad, la reflejan con sus pensamientos, palabras y obras, esas sí que son las flores de las que habló la Virgen a Lucía (vidente de Fátima) que serían puestas por Ella para adornar el Trono de Dios, no otras. La Virgen no pone flores que no se parezcan a Ella… a nadie se le ocurre poner en el altar o en el sagrario unas flores rancias y pochas, pues menos a la Virgen.

Esto no se adquiere de un día para otro, antes hay que mirarla mucho y contemplar también aquello que Ella miraba con su Corazón Puro: los misterios de la vida de Jesús, esto es el Santo Rosario.

La Virgen pasaba las cuentas de su rosario al tiempo que lo rezaba con Bernardita… Ella dirigía sus rosarios y la introducía desde su Corazón Inmaculado en los sentimientos y actitudes del Corazón de Jesús.img797.jpg

Bernardita afirma “mirar a la Señora cuanto podía”. ¿Cómo se santiguaba? como se lo había visto hacer a la Señora, su escuela había sido María, y por eso emocionaba verla que hasta hacia llorar porque era como ver a la misma Virgen.

Tenemos que mirarla cuanto podamos y tratarla con asiduidad, tener nuestros coloquios con Ella como los tuvo Bernardita para inocular sus virtudes, para entrar en lo que vive su Corazón y hacerlo nuestro.